Lo que impresiona al ingresar al patio central del Museo Nacional de Arte (MNA) es la maestría de las manos indígenas que tallaron la piedra de este imponente edificio de arquitectura colonial.

La edificación de cal y canto está ubicada en el centro histórico de la ciudad de La Paz y ocupa una de las esquinas de la plaza Murillo, antigua plaza mayor. El ingreso principal está en la calle Comercio y hay una entrada lateral en la “calle de la Herrería”, hoy Socabaya, presenta una portada de piedra que se eleva hasta el tercer piso de la Casona, tallada y decorada con motivos de estilo barroco mestizo, que la relacionan a la portada de la Casa de la Villa de París.

Tiene un elegante patio rectangular decorado a la usanza de la época, en el que destaca la portada labrada en piedra y decorada en estilo mestizo, que incluye elementos de la región como la imagen de frutas típicas de la Amazonía americana; también hay flores locales esculpidas, como la kantuta. En la coronación está inscrita la fecha de la conclusión del edificio en el año 1775.

La Casona Díez de Medina consta de tres plantas abiertas hacia el patio central, que dejan ver la armoniosa arquería de piedra ornamentada, típicos elementos de la arquitectura andina de fines del siglo XVIII. Complementando el trabajo en piedra, destaca una galería con diez arcos que hace esquina sobre la plaza.

Concebida originalmente como vivienda, esta Casona fue propiedad de Francisco Tadeo Díez de Medina, quien fue un abogado que luego fuera oidor de la zona y que durante las rebeliones contra el dominio colonial estuvo justamente del lado de los españoles. Durante las rebeliones de 1871 y 1872 él, en su cargo de autoridad mandó a dictaminar las sentencias que acabaría con la vida de los líderes indígenas Tupac Katari y Bartolina Sisa.

Para fines de siglo en esta amplia casona funcionaron el famoso Hotel Gibert y luego el Casino Español, y pasó hasta su expropiación por diversos propietarios, sufriendo deterioro y alteraciones en su arquitectura original.

En 1960 y ya declarado Monumento Nacional, este importante inmueble pasó a depender del Ministerio de Educación. Entre 1961 y 1965 se realizó la restauración y adaptación a cargo de los arquitectos Teresa Gisbert y José de Mesa, obras destinadas a iniciar la nueva etapa: el funcionamiento como Museo Nacional de Arte a partir de 1966.